Cuando se enciende un cigarrillo, el tabaco entra en combustión (se quema) y genera humo, el cual contiene miles de sustancias químicas. Una vez iniciada, la combustión es un proceso autónomo que continúa mientras haya suficiente tabaco (combustible) y oxígeno disponible.


combustion

 

Cuando la combustión tiene lugar, la temperatura del cigarrillo puede superar los 800 °C en la punta.

Las altas temperaturas desencadenan la producción de más de 6000 sustancias químicas distintas1,2, muchas de las cuales son nocivas o potencialmente nocivas.

 

Las autoridades sanitarias han clasificado varios componentes del humo como causas probables de las enfermedades relacionadas con el hábito de fumar, como el cáncer de pulmón, las enfermedades cardiovasculares y el enfisema.

 

Varias autoridades sanitarias, como la FDA estadounidense, el Ministerio de Salud de Canadá o la OMS, han elaborado listas prioritarias donde se detallan las sustancias químicas que se consideran componentes nocivos y potencialmente nocivos (HPHC, por sus siglas en inglés)3,4.

 


PMI 58 list of harmful

The PMI-58 list of harmful and potentially harmful constituents

[1] Read the report of the Surgeon General.

[2] The Chemical Components of Tobacco and Tobacco Smoke, Second Edition

[3] About Harmful and Potentially Harmful Constituents (HPHCs)

[4] Read the Tobacco Reporting Regulations (SOR/2000-273)

 

En nuestros productos libres de humo con contenido de tabaco, podemos controlar la temperatura con precisión. Esto asegura que el tabaco no alcance la temperatura necesaria para que se produzca la combustión. Evitando la combustión, reducimos o eliminamos la formación de los HPHC. Calentar el tabaco sigue siendo necesario para liberar la nicotina y los aromas del tabaco.

 

 

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